El Shih Tzu esconde un secreto milenario bajo su manto de pelo: fue criado para calentar los pies de los emperadores chinos.
Durante siglos, esta raza vivió aislada en la Ciudad Prohibida, lejos de miradas occidentales, desarrollando un temperamento único que combina dignidad y terquedad.
Esa misma nobleza que lo convirtió en compañero de reyes es hoy el mayor desafío para quienes lo tratan como un simple perro faldero.
De las montañas tibetanas a los salones imperiales: historia del Shih Tzu
El origen del Shih Tzu se remonta a los monasterios del Tíbet, donde los lamas criaban pequeños perros leoninos como símbolos sagrados. Estos perros león —así se traduce «Shih Tzu»— eran considerados amuletos vivientes, capaces de ahuyentar los malos espíritus. Los monjes los seleccionaban minuciosamente para que su pelaje recordara la melena del león de las nieves, una figura central en la mitología budista.
Durante la dinastía Ming, varios ejemplares fueron regalados al emperador chino como tributo diplomático. En la corte imperial, los Shih Tzu se cruzaron con el pequinés y el Lhasa Apso, refinando su aspecto y consolidando un manto aún más denso. Vivían en palacios, cuidados por eunucos y damas de la corte, y su existencia era tan exclusiva que ningún occidental pudo ver uno hasta principios del siglo XX.
La raza permaneció oculta tras los muros de la Ciudad Prohibida hasta que, en la década de 1930, los primeros ejemplares llegaron a Inglaterra. Allí se estableció el estándar que hoy conocemos, aunque la esencia del Shih Tzu sigue siendo la de un perro de compañía aristocrático, acostumbrado a un trato preferente y a una vida sin sobresaltos.
Perfil físico del Shih Tzu: tamaño, pelaje y tabla comparativa con Lhasa Apso y pequinés
El Shih Tzu es un perro pequeño pero robusto, con una estructura compacta y un andar altivo. Según el estándar de la FCI, su peso ideal oscila entre 4,5 y 8 kg y su altura a la cruz no supera los 27 cm. La cabeza es redondeada, con un stop marcado, ojos grandes y oscuros, y orejas caídas cubiertas de abundante pelo. La cola, de inserción alta, se enrosca sobre el lomo formando un penacho.
El manto es su rasgo más distintivo: una doble capa densa, larga y de textura suave que puede presentarse en todos los colores, aunque los más frecuentes son el blanco con manchas doradas, negras o grises. La capa externa lisa y la interna lanosa exigen un mantenimiento diario que pocos dueños anticipan de verdad.
Para evitar confusiones con razas similares, aquí tienes una tabla comparativa según los estándares FCI:
| Característica | Shih Tzu | Lhasa Apso | Pequinés |
|---|---|---|---|
| Altura (cm) | 20-27 | 25-28 | 15-23 |
| Peso (kg) | 4,5-8 | 6-8 | 3,6-5,5 |
| Pelaje | Doble capa, largo y denso | Doble capa, largo y áspero | Doble capa, largo y liso |
| Cabeza | Redondeada, stop marcado | Más estrecha, stop moderado | Muy ancha, stop profundo |
| Cola | Enroscada sobre el lomo | Enroscada, pero más suelta | Enroscada sobre la cadera |
| Carácter general | Afectuoso, terco, sociable | Independiente, reservado | Digno, testarudo, leal |
En España, el precio de un cachorro de Shih Tzu con pedigree, pruebas de salud y criador responsable se sitúa entre 800 y 1.500 euros. Si te ofrecen uno por menos de 500 euros, desconfía: suele ser señal de cría masiva o falta de controles veterinarios. Un buen criador te mostrará a los padres, las cartillas sanitarias y te preguntará sobre tu estilo de vida antes de entregártelo.
El cuidado del manto es uno de los pilares de la convivencia con un Shih Tzu. El cepillado diario no es negociable: si dejas pasar dos o tres días, los nudos se convierten en placas que solo se resuelven con tijera. Usa un peine de púas metálicas y un cepillo de cerdas suaves, siempre desenredando desde las puntas hacia la raíz. Muchos dueños optan por mantener un corte corto tipo «cachorro» para facilitar la higiene, sobre todo en verano.
Nunca bañes a un Shih Tzu sin desenredarlo antes. El agua apelmaza los nudos y los convierte en masas imposibles de peinar, lo que puede causar dolor e irritación en la piel.
Los problemas de salud más relevantes en la raza se concentran en ojos, piel y ciertos alimentos tóxicos. Los ojos saltones del Shih Tzu son vulnerables a úlceras corneales, proptosis (salida del globo ocular) y sequedad crónica. Según Shih-Tzu dogs show alterations in ocular surface homeostasis despite adequate aqueous tear production (2024), estos perros presentan una mediana de 15 parpadeos incompletos por minuto, lo que altera la distribución de la lágrima y favorece las lesiones corneales. Por eso, conviene limpiar sus ojos a diario con suero fisiológico y revisar cualquier enrojecimiento en cuanto aparezca.
La piel, protegida por tanto pelo, tiende a acumular humedad y suciedad, especialmente en los pliegues faciales. Las dermatitis por levaduras y las infecciones bacterianas son frecuentes si no se seca bien después del baño o si el perro se lame en exceso. Un cepillado que airee la piel y un secado minucioso marcan la diferencia.
En cuanto a la alimentación, hay que evitar a toda costa el chocolate, la cebolla, el ajo, las uvas y el xilitol. El Shih Tzu, por su tamaño, es especialmente sensible a las intoxicaciones: una pequeña cantidad de chocolate negro puede provocarle taquicardia y temblores. Si sospechas que ha ingerido algo tóxico, acude al veterinario sin esperar a que aparezcan síntomas.
Existe además una patología neurológica específica de la raza: la lisencefalia. Aunque poco común, Lissencephaly in Shih Tzu dogs (2020) señala que los cachorros afectados pueden mostrar convulsiones en racimo y cambios bruscos de comportamiento como primeros signos. Un criador responsable realiza pruebas genéticas para descartar esta y otras enfermedades hereditarias.
Carácter y socialización temprana: construyendo un Shih Tzu equilibrado
El Shih Tzu es un perro afectuoso, juguetón y profundamente apegado a su familia. No es un guardián ni un cazador: su misión histórica ha sido acompañar, y lo hace con una entrega absoluta. Sin embargo, esa misma devoción puede volverse en su contra si no se establecen límites claros desde el principio. Es una raza con una terquedad innata que, mal gestionada, desemboca en el temido «síndrome del perro pequeño»: ladridos excesivos, posesividad con la comida o resistencia a la manipulación.
La socialización temprana es la herramienta más eficaz para prevenirlo. Las primeras 16 semanas de vida son críticas. A continuación, te propongo un plan con hitos semanales que puedes adaptar a tu cachorro:
- 1Semana 8-10: Exposición gradual a sonidos domésticos (aspiradora, timbre, televisión) y a diferentes texturas bajo las patas. Presenta al cachorro a al menos 5 personas nuevas por semana, siempre con refuerzo positivo.
- 2Semana 10-12: Primeras salidas controladas a la calle (en brazos o en mochila si aún no tiene todas las vacunas). Que vea otros perros, bicicletas y niños desde una distancia segura. Inicia el manejo del cepillado diario asociándolo a premios.
- 3Semana 12-16: Paseos cortos con correa, encuentros con perros adultos equilibrados y habituación al coche. Trabaja la manipulación de patas, orejas y boca como si fueras el veterinario. Refuerza la calma ante estímulos nuevos.
Un Shih Tzu bien socializado es un perro tranquilo, adaptable y encantador. A diferencia del independiente Shiba Inu, el Shih Tzu necesita compañía casi constante y no lleva bien la soledad prolongada. Si ya convives con un Shar Pei, sabrás que la socialización es clave para evitar conductas territoriales; con el Shih Tzu el enfoque debe ser similar, pero orientado a prevenir miedos. Y aunque el Pastor de Shetland demande más ejercicio físico, el Shih Tzu requiere estimulación mental diaria a través de juegos de olfato y aprendizaje de trucos sencillos.
Comparado con la raza Chihuahua, el Shih Tzu suele mostrar menos reactividad ante extraños si ha sido correctamente socializado, aunque ambos comparten una inteligencia emocional muy desarrollada. Saben leer el estado de ánimo de su dueño y actuar en consecuencia, lo que los convierte en excelentes perros de terapia.
Construir un Shih Tzu equilibrado no requiere mano dura, sino coherencia, paciencia y mucho cariño estructurado. Si respetas su herencia imperial sin caer en la sobreprotección, tendrás a tu lado un compañero noble que te recordará cada día por qué fue el elegido de los emperadores.
